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sábado, diciembre 03, 2011

Un segundo viento de los movimentos sociales

El segundo viento del movimiento en pos de justicia social
© Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera

Durante las protestas en la plaza Tahrir en noviembre de 2011, Mohamed Alí, de 20 años, respondió a la pregunta de un periodista –de por qué estaba ahí– diciendo: "Queremos justicia social. Nada más. Es lo menos que merecemos".
La primera ronda de movimientos asumió múltiples formas por todo el mundo –la llamada Primavera Árabe, los movimientos de ocupación que comenzaron en Estados Unidos y luego se diseminaron por un gran número de países, Oxi en Grecia y los Indignados en España, las protestas estudiantiles en Chile y muchos otros.
Todos fueron un logro fantástico. Lo que han alcanzado puede medirse en un extraordinario artículo escrito por Lawrence Summers en el Financial Times, el 21 de noviembre: "La inequidad no puede ya mantenerse a raya con las ideas habituales". Éste no es un argumento por el que se le haya conocido a Summers con anterioridad.
En el artículo anota dos puntos importantes, considerando que personalmente él ha sido uno de los arquitectos de las políticas económicas mundiales de los últimos 20 años, las que nos han puesto a todos en esta aguda crisis en la que el mundo se encuentra ahora.
El primer punto es que ha habido cambios fundamentales en las estructuras económicas mundiales. Summers dice que "el más importante es el fuerte viraje en la recompensa que el mercado le hace a una pequeña minoría de ciudadanos en relación con las recompensas disponibles para la mayoría de los ciudadanos".
El segundo tiene que ver con dos clases de reacciones públicas ante esta realidad: una es la de los que protestan y otra, aquélla de quienes siendo muy fuertes están contra los que protestan. Summers dice que él está contra la "polarización", que es lo que, según él, hacen quienes protestan. Pero luego dice: "Al mismo tiempo, aquéllos que muy rápidamente etiquetan cualquier expresión de preocupación por la creciente inequidad como algo fuera de lugar o como producto de la lucha de clases, está todavía más fuera de base".
Lo que el artículo de Summers indica no es que él se haya convertido en exponente del cambio social radical –lejos está de eso– sino más bien que está preocupado por el impacto político del movimiento mundial en pos de justicia social, especialmente en lo que él llama el mundo industrializado. Yo considero esto un logro del movimiento en pos de justicia social.
La respuesta a este éxito han sido unas cuantas concesiones menores aquí y allá, pero luego una creciente represión por todas partes. En Estados Unidos y Canadá, ha habido un sistemático despeje de todas las "ocupaciones". La virtual simultaneidad de estas acciones policiacas parece indicar alguna coordinación de alto nivel. En Egipto, los militares han resistido cualquier dilución de su poder. En Grecia e Italia las políticas de austeridad fueron impuestas por los decretos de Alemania y Francia.
La historia, sin embargo, está lejos de haber terminado. Los movimientos desarrollan un segundo viento. Los manifestantes reocuparon la plaza Tahrir y al mariscal de campo Tantawi le están dando el mismo tratamiento de desdén que le dieron a Hosni Mubarak. En Portugal, el llamado a una huelga general de un día paralizó por completo el sistema de transporte. Una huelga anunciada en Gran Bretaña en protesta por los recortes en las pensiones esperaba reducir el tráfico en Heathrow en 50 por ciento, lo que tendría repercusiones mundiales, dada la centralidad de Heathrow en el sistema de transportación mundial.
En Grecia, el gobierno ha intentado exprimir a los pensionados pobres instaurando un enorme impuesto en su recibo de luz, y amenazan cortar la electricidad si no pagan. Hay resistencia organizada. Los electricistas locales están reinstalando ilegalmente la energía eléctrica, pues cuentan con la incapacidad del reducido personal municipal para hacer cumplir su ley. Es una táctica que se ha utilizado con éxito en el suburbio de Soweto en Johannesburgo durante ya 10 años.
En Estados Unidos y Canadá, el movimiento de ocupación se ha diseminado de los centros de las ciudades a los campus universitarios. Y los "ocupas" están discutiendo lugares alternativos qué ocupar durante los meses del invierno. La rebelión estudiantil en Chile ya se expandió a las escuelas secundarias.
Debemos resaltar dos cosas acerca de la presente situación. La primera es que los sindicatos –como parte de lo que ha estado ocurriendo, como resultado de lo que ha estado ocurriendo– se han vuelto mucho más militantes, y mucho más abiertos a la idea de que deberían ser participantes activos en el movimiento mundial en pos de justicia social. Esto es cierto en el mundo árabe, en Europa, en Norteamérica, en el sur de África, aun en China.
Lo segundo que hay que resaltar es el grado en que los movimientos por todas partes han podido mantener su énfasis en una estrategia horizontal. Los movimientos no son estructuras burocráticas sino coaliciones de múltiples grupos, organizaciones y sectores de la población. Siguen trabajando duro en debatir de modo continuo sus tácticas y sus prioridades, y están resistiendo el volverse excluyentes. ¿Funciona esto todavía con suavidad? Por supuesto que no. ¿Funciona esto mejor que reconstruir un nuevo movimiento vertical, con un liderazgo claro y disciplina colectiva? Hasta ahora, claro que ha funcionado mejor.
Debemos pensar en las luchas mundiales como una larga carrera, en la que los corredores tienen que usar su energía sabiamente con tal de no desgastarse mientras mantienen la mira en el objetivo final –una clase diferente de sistema-mundo, mucho más democrático, mucho más igualitario que nada de lo que tenemos ahora.

sábado, noviembre 05, 2011

Occupy Columbus Circle in 99% Solidarity "This Little Light"

¿Debemos añadir algo más a este video?. Es la sociedad norteamericana que se expresa desde lo propiamente cotidiano. Los ancianos de la tribu, compartiendo sueños y luchas sociales. Profundamente emocionante, extensamente humano.
Pete Seeger (92 años), Arlo Guthrie, David Amram, Arlo Guthrie, Tom Chapin, Stephan Said, Matt Emmer, Tao Rodriguez


lunes, septiembre 26, 2011

Cuanta falta nos hace el respeto

Reflexión de Leonardo Boff

La cultura moderna, desde sus albores en el siglo XVI, está asentada sobre una brutal falta de respeto. Primero hacia la naturaleza, tratada como un torturador trata a su víctima con el propósito de arrancarle todos sus secretos (Bacon). Después, con las poblaciones originarias de América Latina. En su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias (1562) cuenta Bartolomé de las Casas, como testigo ocular, que los españoles “en sólo 48 años ocuparon una extensión mayor que el ancho y largo de toda Europa y una parte de Asia, robando y usurpando todo con crueldad, injusticia y tiranía, habiendo sido muertas y destruidas veinte millones de almas de un país que habíamos visto lleno de gente y de gente tan humana” (Décima Réplica). Luego esclavizó a millones de africanos, traídos para las Américas, negociados como “piezas” en el mercado y consumidos como carbón en la producción.

Sería larga la letanía de la falta de respeto de nuestra cultura, culminando en los campos de exterminio nazi con la aniquilación de millones de judíos, gitanos y otras personas consideradas inferiores.


Sabemos que una sociedad sólo se construye y da un salto hacia relaciones mínimamente humanas cuando establece el respeto de unos hacia otros. El respeto, como bien lo mostró Winnicott, nace en el seno de la familia, especialmente de la figura del padre, responsable del paso del mundo del yo hacia el mundo de los otros, que surgen como el primer límite a ser respetado. Uno de los criterios de una cultura es el grado de respeto y de autolimitación que sus miembros se imponen y observan. Surge entonces la justa medida, sinónimo de justicia. Si se rompen los límites, aparece el irrespeto y la imposición sobre los demás. Respeto supone reconocer al otro como otro y su valor intrínseco, bien sea persona o cualquier otro ser.

Entre las muchas crisis actuales, la falta generalizada de respeto es seguramente una de las más graves. La falta de respeto campea en todas las instancias de la vida individual, familiar, social e internacional. Por esta razón, el pensador búlgaro-francés Tzvetan Todorov, en su libro El miedo a los bárbaros (Galaxia Gutenberg 2008) advierte de que si no superamos el miedo y el resentimiento y no asumimos la responsabilidad colectiva y el respeto universal no tendremos cómo proteger nuestro frágil planeta y la vida en la Tierra ya amenazada.


El tema del respeto nos remite a Albert Schweitzer (1875-1965), premio Nobel de la Paz en 1952. Natural de Alsacia, era uno de los más eminentes teólogos de su tiempo. Su libro Historia de las investigaciones sobre la vida de Jesús es un clásico, por mostrar que no se puede escribir científicamente una biografía de Jesús. Los evangelios contienen historia pero no son libros históricos. Son teologías que usan hechos históricos y narrativas con el objetivo de mostrar lo que Jesús significa para la salvación del mundo. Por eso, sabemos poco del Jesús de Nazaret real. Schweitzer comprendió que el Sermón de la Montaña es histórico y es importante vivirlo. Abandonó la cátedra de teología, dejó de dar conciertos de Bach (era uno de sus mejores intérpretes) y se matriculó en la facultad de medicina. Terminada la carrera, fue a Lambarene en Gabón, en África, para fundar un hospital y servir a enfermos del mal de Hansen. Y allí trabajó, dentro de las mayores limitaciones, todo el resto de su vida.


Confesaba explícitamente: “Lo que necesitamos no es enviar allí misioneros que quieran convertir a los africanos, sino personas dispuestas a hacer por los pobres lo que debe ser hecho, si es que el Sermón de la Montaña y las palabras de Jesús tienen un sentido. Lo que realmente importa es volverse un simple ser humano que, en el espíritu de Jesús, hace alguna cosa por pequeña que sea”.


En medio de sus quehaceres de médico encontró tiempo para escribir. Su principal libro es Respeto ante la vida que él coloca como eje articulador de toda ética. “El bien”, dice él, “consiste en respetar, conservar y elevar la vida hasta su máximo valor; el mal, en no respetar, destruir e impedir que la vida se desarrolle”. Y concluye: “cuando el ser humano aprenda a respetar hasta al menor ser de la creación, sea animal o vegetal, nadie necesitará enseñarle a amar a su semejante; la gran tragedia de la vida es que muere dentro de un hombre mientras vive”.


Qué urgente es oír y vivir este mensaje en los días sombríos que la humanidad está atravesando.

Origen: LaNacion.cl (Viernes 16 de Septiembre del 2011)

lunes, septiembre 19, 2011

La musica es poder, poder para el pueblo


La Fundanción Playingforchange se dedidca a ayudar a construir escuelas de música, profesores de apoyo y programas de música, instrumentos de compra, y conectar a las escuelas para el aprendizaje intercultural y la resolución de conflictos a través de fronteras. La música es el poder: Poder para el Pueblo.

sábado, junio 04, 2005

A nuestros niños y niñas

El último Informe de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura en Chile esta semana, reconoce oficialmente la violación de derechos y de la vida de niños/as durante el período de dictadura, otorgándoles la calidad de "prisioneros".
Números más o menos, nos encontramos con un claro ejemplo del verdadero grado de importancia que se le da a los niños/as en nuestro país.
Que después de 16 años desde el término de la dictadura, todavía se discuta y se informe de la violación de los derechos humanos y hoy, especialmente de niños/as prisioneros, torturados y ejecutados, es parte de la estupidez e insania en la que vivimos.
Pasaron siglos en nuestra sociedad para reconocer en el plan de "ser humanos" un nuevo proyecto posible. De una plumada, parte de nuestros congeneres borraron con la violencia, el terror, el egoísmo, la insolidaridad y la vanidad todo este esfuerzo común. La sumisión y el miedo, acompañan y fortalecen esa "gran imbecilidad".
Nunca más podremos afirmar frente a las nuevas generaciones nuestra convicción en el proceso moderno de hominización.
La especie humana no peligra por las catastrofes o accidentes naturales que proclaman nuestros medios de comunicación, sino que peligra por sus incontrolables locuras. Locuras que ya han dejado secuelas imborrables en nuestra memoria social.
En el camino del siglo XX, se promulgaron a nivel mundial, los derechos de los niños y niñas como personas y se estableció; una Convención que obliga a los países firmantes a promover condiciones y calidad de vida digna para estas personas. Miles de discursos y proyectos y coordinaciones se suceden en los últimos años, declarando su preocupación por "la infancia".
Creo que es hora de precuparnos por nuestros niños y niñas de carne y hueso. La infancia puede haberse convertido en otro slogan más de las bestias para seguir alimentado sus rencores y profundas pasiones pederastas. Necesitamos un cable a tierra y salir de esa "conciencia mágica" que nos ata a la insensibilidad.